CAUSA DE CANONIZACION

Difusion de la causa de Canonización de la Sierva de Dios Madre María Berenice Duque Hencker

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AFIRMAR

EL PRIMADO DE LA SANTIDAD

 

También para la caridad la Eucaristía es el lugar en donde las personas consagradas pueden en cobrar nuevo vigor profético con vistas a la vida común y al servicio a los hombres. La Eucaristía hace contemporánea la cruz en la que Cristo muere, “desciende al lugar de los muertos”, se hace solidario con todos los que fueron, son o serán prisioneros del pecado y de la muerte, para que en él cuantos se encuentran alejados puedan llegar a ser hermanos y acercarse al Padre. En esta escuela, las personas consagradas aprenden el celo auténtico por la humanidad y escuchan la invitación a vivir su misión como participación en la muerte que caracteriza el cuerpo y el alma de los hombres y las mujeres, para abrirlos a una esperanza más allá de la muerte. 

La vida consagrada, iluminada por la celebración eucarística, aprenderá a convertirse en “buen samaritano”, como hizo Cristo y, con el Espíritu de Cristo, sabrá proponer caminos de esperanza a todos los hombres que encuentre en su camino. En la celebración eucarística “hacer memoria” de la muerte violenta de Jesús se transforma en “no violencia”, en don espontáneo de sí. Jesús no es sacrificado; él se sacrifica. El principio de la oposición cede su lugar al principio de la solidaridad. 

La Eucaristía es a la vez, e inseparablemente, sacrificio, memoria y alimento. El Verbo hecho carne se ofrece en sacrificio. Quien se adhiere con fe a este misterio entra en comunión con este don de Cristo y se transforma a su vez en “don”, pues en la celebración eucarística la comunión va unida al sacrificio de Cristo (cf. Jn 6, 49-58). Cuando no se acepta este don, esta entrega de sí mismo al Señor en la Eucaristía, se hace revivir el drama y la laceración de la traición de Judas; se actúa como las personas que, en la sinagoga de Cafarnaúm, ante el anuncio del don de la carne y de la sangre para la vida del mundo, renuncian a seguir a Jesús (cf. Jn 6, 64-70). 

Al contrario, toda actividad pastoral, todo servicio a los pequeños, a los pobres, a los enfermos, a los abandonados al borde del camino, cuando parten de una participación profunda en el misterio eucarístico, se convierten en el cumplimiento del mandamiento de Jesús:  “Haced esto en memoria mía”. El fuego de la caridad de Cristo lo envuelve todo y se convierte en compromiso y en don de sí mismos. La vida consagrada toma fuerza para salir de los «bloques», para superar las barreras, para vencer la cerrazón en sí mismos, para iluminar las lecturas unilaterales de la realidad. 

Así, el “sacrificio ” de las personas consagradas se expresará con nuevo celo por la humanidad y las impulsará a completar en su carne “lo que falta a los sufrimientos de Cristo”. El servir, el ser pequeños, el estar alegres, tendrán siempre como raíz y fundamento la Pascua del Señor, acogida, amada y sostenida para la salvación de todos. 

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