CAUSA DE CANONIZACION

Difusion de la causa de Canonización de la Sierva de Dios Madre María Berenice Duque Hencker

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SIERVA DE DIOS MADRE MARÍA BERENICE  DUQUE HENCKER

CARISMA  FUNDACIONAL

La Anunciación nace de un desafío vocacional y de la acción misionera que desde el  espíritu contemplativo y la vivencia especifica del Evangelio, el Espíritu de Dios obra en Madre  María para acrecentar en ella  el ardor apostólico que la lleva a un compromiso con los más pobres y marginados de la época en Medellín, formando una escuela de catequesis, donde las prepara para que sean multiplicadoras del anuncio de la Buena Nueva. El Corazón de Jesús la invita a realizar su obra de la Anunciación para acoger a muchas jóvenes humildes, sencillas, sin distinción de raza y condición social, que no eran recibidas en los Institutos de Vida Religiosa de la época: “Hay muchas jóvenes, tesoros ocultos, que por sus condiciones sociales no son recibidas en otros Institutos” (1ª. Const. 1957). Hoy esta vivencia y experiencia espiritual la reconocemos como Carisma Fundacional. 

FUNDADORA HERMANITAS DE LA ANUNCIACIÓN

MISIONEROS DE LA ANUNCIACIÓN

MISIONERAS DE LA DE LA ANUNCIACIÓN

CONTEMPLATIVAS DE LA ANUNCIACIÓN

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Hay que florecer donde Dios nos siembre.

(Círculos de formación)

Madre María Berenice, Hizo Vida el Evangelio

 

“A ejemplo de María de Nazareth las Hermanitas deben llevar una vida oculta, silenciosa y humilde, de pobreza y renunciamiento, sin ninguna pretensión humana en su espíritu y en sus obras”

Sierva de Dios Madre María Berenice

 

Madre Fundadora, primera Superiora General y Animadora Permanente de la espiritualidad de las Hermanitas de la Anunciación, la Sierva de Dios Madre María Berenice (María Ana Julia Duque Hencker) nació en Salamina (Caldas-Colombia) el 14 de agosto de 1898. En su hogar, conformado por don Antonio José Duque Botero y doña Berenice Hencker Ristcher, recibió una educación profundamente católica. Cursó sus estudios elementales y secundarios con las Hermanas Dominicas de la Presentación a cuya Orden solicitó ingreso en 1917 después de discernir sobre si se consagraba a la vida contemplativa de las Hermanas Carmelitas o si, se entregaba al apostolado activo; este dilema, que la acompañó toda la vida, tuvo su resolución en la fórmula “entrega total” con la que selló más adelante el origen de las Hermanitas de la Anunciación. Vistió el hábito de la Presentación el 26 de julio de 1918 con el nombre de Berenice, en honor de su madre; profesó en 1919 y emitió sus Votos Perpetuos en 1925.

 

 La Hermana Berenice, quien jamás renunció a su vocación contemplativa, fue una persona que buscaba crecer espiritualmente y recorrer el camino de la perfección religiosa, se apasionaba por la entrega y la inmolación de sí misma como sacrificio; con la ayuda de sus directores espirituales hizo votos particulares: de ser víctima del amor más intenso; de practicar la caridad fraterna; de humildad; llegar al anonadamiento; vivir el  abandono; de evitar toda imperfección voluntaria; de hacer cada cosa con la mayor perfección posible. Te lo pido todo” y “consumirse gota a gota”, eran las constantes que marcaban su respuesta al Señor.

 

 

 

 

En la Presentación cumplió una destacada misión educativa en los colegios de San Gil, Ubaté, Manizales, Fredonia, Sonsón y Rionegro. En Medellín fue auxiliar del Noviciado

 

y Directora de las Hermanas Estudiantes. Ejerció su apostolado social, su labor catequística y su intenso fervor mariano en las fábricas de Coltejer y Fabricato, y en el barrio Guayaquil de Medellín, un barrio de exclusión. Allí apoyó a los más pobres y abandonados, en particular a la mujer marginada. En esa época hubo un despertar del mundo obrero y ella sintió la necesidad de encontrarles un camino a las jóvenes que aspiraban a ser religiosas, que eran rechazadas por su condición de raza o su origen económico y social. La Hermana Berenice oró y consultó a la Superiora Provincial Madre María Inés, su confidente y guía espiritual, y a monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, quienes la animan a fundar las Hermanitas de la Anunciación; la apoyó monseñor Joaquín García Benítez, Arzobispo de Medellín.

 

Madre Berenice, en ese entonces la Hermana Berenice, inició su obra  el  14 de mayo de 1943, con 12 jóvenes pobres, sin estudio. Ella quería solo cumplir la Voluntad Divina, en su vida y en su proyecto de la Anunciación. Continuó paso a paso con las fundadoras, le ayudaron las Hermanas de la Presentación. Solo  el 24 de marzo de 1945 (ante las dificultades de la Guerra Mundial) recibió la aprobación de la Superiora General; las jóvenes emitieron la primera profesión el 25 de marzo e iniciaron el apostolado entre las familias de la sociedad de Medellín el 26 de marzo, orientadas por la Hermana Berenice. En 1946, una Visitadora llegada de Francia cerró la obra, la cual pasó a convertirse en Patronato de Obreras y envió a la Hermana Berenice a Tours donde el invierno europeo afectó seriamente su salud. Regresó a Colombia, a Bogotá, en octubre de 1947, directamente a la enfermería. Un poco restablecida en 1949, trabajó en la Acción Católica e inició su amistad con el cardenal Antonio Samoré.

 

En 1950 vino a Colombia la Superiora General de la Presentación, Madre Teresa Augusta, y la Hermana Berenice habló con ella, en Bogotá, pero no le dio ninguna esperanza. Sin embargo, antes de regresar a Francia, la Superiora General sostuvo una conversación en Medellín con el arzobispo Joaquín García Benítez y concluyó que la Anunciación era Voluntad de Dios permitiendo el regreso de la Hermana Berenice.  Al recibir de nuevo la obra, encontró, el apoyo de monseñor García Benítez y, de acuerdo con él, inició la reorganización de la Comunidad. El 23 de octubre de 1953, la Hermana Berenice vistió el hábito de las Hermanitas de la Anunciación e hizo profesión religiosa en la Congregación que ella misma había fundado diez años atrás. Durante esta época escribió las primeras Constituciones y promovió el apostolado en las familias.

 

En el servicio a las Hermanitas  de 1953 a 1967 se empeñó en construir la Capilla-basílica de la Casa Madre, reestructuró la formación de sus religiosas, obtuvo la aprobación diocesana y luego la pontificia de la Congregación y fundó Comunidades locales en varias partes. El 15 de agosto de 1957, fundó, con jóvenes afrocolombianas, las Misioneras de la Anunciación. En 1960 llevó la Comunidad a España. En 1963 nombra  a la Nuestra Señora de la Anunciación Superiora General y se designa su Vicaria. En Bogotá, el 8 de diciembre de 1965, con la ayuda del Nuncio José Paupini, fundó los “Hermanos del Domus Dei” (Misioneros de la Anunciación). En esta época promovió la formación del laicado en la Anunciación y la formación integral de las Hermanitas enviando algunas a estudiar a Roma  y fundando una Normal para que las religiosas se capacitaran en pedagogía. 

                                        

En el Primer Capítulo General (1959) Madre Berenice fue confirmada como Superiora General de la Congregación y reelegida en el Segundo (1965), quedando pendiente la confirmación por parte de la Santa Sede. En 1967 fue sustituida por la Hermanita Carmen de la Eucaristía, Vicaria General en el momento, y  le fue concedido el título de “Emérita Fundadora”. Por entonces pasó por muchas dificultades que superó con amor generoso a Dios y sujeción a Su Santísima Voluntad; fue destinada a vivir en la casa de Madrid y luego de algún tiempo por situaciones de salud fue a residir a Amaguaña (Ecuador). Más tarde, con permiso del Arzobispo Tulio Botero Salazar,  regresó a la Casa Madre en Medellín. Participó en el Cuarto Capítulo General en diciembre de 1971 y asumió con dedicación total el servicio de “Animadora Espiritual de la Congregación”. En esa época escribió entre otros libros: El Espíritu de la Anunciación, El Corazón de Jesús en la Anunciación, el Memorándum, el Historial, y el Testamento. En 1976, después de un viaje a Quito para participar en el Congreso Mariano Nacional, recomenzaron sus problemas de salud, que se complicaron por más de 14 años. Se vio reducida a silla de ruedas y luego postrada en cama. La visitaban muchas personas atraídas por su fama de santidad que querían conocerla y recibir  su bendición.

 

El 25 de Julio de 1993, rodeada del afecto de sus Hijas y familiares, falleció en la Casa Madre de la Anunciación en Medellín. Allí en una cripta, en los bajos de la capilla-basílica menor, reposan sus restos mortales.

 

La Causa de su Canonización, iniciada en 1998 en la Arquidiócesis de Medellín, recibió aceptación de la Conferencia Episcopal de Colombia en 2001  y el 4 de abril del 2004 en la Congregación de los Santos en Roma. Quisiéramos terminar esta rápida semblanza, la más importante de las de esta historia congregacional, citando una parte del texto que el autor del presente libro escribió para resumir la íntima relación entre la Sierva de Dios y su obra, la Anunciación: Imposible pensar históricamente en quién fue la Sierva de Dios Madre María Berenice, sin saber cómo aparecieron y qué son en la actualidad las Hermanitas de la Anunciación.

 

Una y otras  aparecen fundidas en un mismo crisol: el de la humildad sin limitaciones, el del  amor universal al prójimo y el de la vida consagrada sin reservas. Donación total, simbolizada en dos verdades católicas cristo-céntricas, la de la Encarnación y la de la Eucaristía, y en dos cultos, el del Santísimo Sacramento del Altar y el de Nuestra Señora en el misterio de la Anunciación. (“Boletín de la Causa, agosto-septiembre de 2014)

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