CAUSA DE CANONIZACION

Difusion de la causa de Canonización de la Sierva de Dios Madre María Berenice Duque Hencker

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"el verbo  se  hizo  carne y habitó  entre  nosotros"

 ANUNCIACIÓN -ENCARNACIÓN

 Entendemos por espiritualidad, la vida en el Espíritu de Dios, dejarnos conducir por el Espíritu en el seguimiento de Jesús. San Pablo nos habla de “vivir según  el Espíritu”, “caminar según el Espíritu” (Gal 5,25. Rom. 8,4). Ambas expresiones, relacionan “espiritualidad” con “hacer camino”. (Filipenses 2,5-7)

El Vaticano II ya constató que “el género humano se halla en un período nuevo de la historia” y el P. Espeja OP, en un reciente artículo publicado en la Revista “La vida sobrenatural”, opina que “esa nueva realidad significa para la Iglesia dar un paso más en el espíritu de la encarnación” y añade en su reflexión que “el cambio brusco y profundo es un momento apropiado para una seria renovación espiritual”.

Si esa renovación se ve necesaria para toda la Iglesia ¿Qué decir de una nueva espiritualidad de la Anunciación?  llamadas a vivir una nueva espiritualidad que engendre vida y fe y esperanza en todas nuestras comunidades”. Todas las Hermanitas conocemos sobradamente el drama de nuestra sociedad, su desesperanza, sus necesidades, sus aspiraciones, sus deseos, sus carencias… y nos preguntamos  ¿Qué hilos debemos tejer nosotras, Hermanitas, para convertirnos en anunciadoras de Dios, contemplativas  y profetas.

O lo que es lo mismo: ¿Cómo ha de ser nuestro seguimiento de Jesús (nuestra espiritualidad) para ayudar a nuestro prójimo  sufriente a vivir en esperanza?

Todos los Capítulos nos dejan una consigna muy relevante:  Esa nueva espiritualidad anunciata que necesariamente se ha de fortalecer a través de una fuerte experiencia de Dios y a la luz de la Palabra, se replicó  en la Asamblea General, y la entendemos ahora, como “seguimiento de Jesús encarnado”, o lo que es lo mismo, una espiritualidad que surja de la contemplación del Misterio de la Encarnación: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”’.

 

Y es que la Palabra que existe desde siempre y que no tiene principio, entra en la historia de la humanidad; el que estaba vuelto hacia Dios, se vuelve hacia los hombres. Al hablar de “encarnación” no queremos referirnos sólo a ese acontecimiento inicial de la entrada del Hijo de Dios en la historia humana. Cuando Juan dice (Jn 1,14) que “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” nos está hablando del estilo de vida de Jesús: ‘vuelto hacia los hombres’, solidario, cercano, compasivo… Por otra parte las imágenes de la “sal”, de la “levadur

a en la masa”, sugieren que hay que estar cerca de los hombres y mujeres, dentro de la gente pero con identidad evangélica, tanto en el mensaje como en el estilo de vida.

 

El testimonio de vida evangélica es insustituible. El texto de Mt. 9, 35-36  resulta clarificador: “Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia. Y al ver a la muchedumbre sintió compasión de ellos”. Jesús proclamando la Buena Noticia entró en contacto con su pueblo,(”recorrió todas las ciudades y aldeas”) y compartiendo los sufrimientos y esperanzas de su pueblo, prolongó su encarnación. La palabra compasión que utiliza Mateo, es posiblemente la más precisa para expresar los sentimientos de Jesús frente al duro caminar de su pueblo y frente al dolor de las personas.

 

Los Evangelios presentan la “compasión” como actitud fundamental de Jesús frente al sufrimiento (Mt. 9,36; Mc.6,34). La impresión que sus contemporáneos tienen de Jesús no es la de un ‘poderoso’ sino la de un hombre compasivo. Recordemos la expresión del ciego Bartimeo: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mi”. La compasión en Jesús no es sólo un sentimiento de lástima, escucha al que sufre, lo ayuda a salir de su actitud pasiva (“tu fe te ha salvado”) y Bartimeo se incorpora al camino de los discípulos. Similar enseñanza sacamos de la parábola del Samaritano (Luc 10, 29-37).

 

Al ver al herido abandonado el samaritano “tuvo compasión”, se aproximó al herido y actuó con lucidez. Ante esta y otras muchas situaciones que describen los Evangelios, se descubre que en Jesús, la compasión es una expresión de amor que le mueve a actuar. La verdadera compasión, la que nace del encuentro con el Padre y con los hermanos, lleva al compromiso. Llegados a este punto sentimos la necesidad de hablar de la “compasión anunciata” y la compasión de la Sierva de Dios Madre María Berenice Duque, (de cómo vivió la espiritualidad de encarnación), tan demostrada a través de toda su vida y narrada en multitud de ocasiones por las “ Hermanitas  de la Primera Hora”.

Al leer el Testamento de nuestra Fundadora nos queda el sabor de una vida llena de entregas, de bondad, de sonrisa de Dios en cada palabra, en cada actitud, de compasión y sabiduría  que testimonió con su prudencia, respeto y caridad.

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